
Nació en
Caracas, Distrito Federal, en el año
1927. Prof. titular jubilado, ULA,
del área de Ciencias Sociales,
Facultad de Medicina, ULA. Se ha
desempeñado como Psicólogo clínico,
en el Hospital Universitario,
Mérida, y como Psicólogo asesor, del
Consejo Venezolano del Niño en
Caracas. Realizó estudios de
Psicología general, en Madrid,
Psicología escolar, con maestría, en
París, y doctorado en Psicología
clínica en San Juan, Puerto Rico.
Publicaciones
SI o NO, en busca de la autonomía
(Consejo de Publicaciones, ULA,
1997),
Decálogo del buen gerente
(Consejo de Publicaciones, ULA /Ed.
Venezolana, 2da. ed. 2002),
Un mensaje a García, comentarios
(/ Ed. Venezolana, Mérida, 1995),
Páginas cardiotónicas
(Consejo de Publicaciones, ULA,
1992),
Entre panas y panes
(Edit. Venezolana, Mérida, 2001. 2da
ed.).
Las fulanas reuniones de trabajo...
(CDCHT, ULA, Mérida, 2000). Ha sido
editado en la Revista Solar del
Instituto Merideño de Cultura, de
Mérida (2004), y en la I Antología
de Narrativa de la Asociación de
Escritores de Mérida, de la cual es
miembro activo. En el año 2000
recibió la Distinción Bicentenaria
de la Universidad de Los Andes.
Muestra
Narrativa

ENTRE BORRACHITOS
—Pana, ¿tú nunca te has topado con
un ángel por los caminos del mundo?
¿Cómo es la letra, mi llave? Se me
hace que ese miche suyo está como
arrecho...
—Pero tú sabes lo que es un ángel,
¿o no?
—Pues claro que sé lo que es, todo
el mundo lo sabe.
—¿Y entonces...?
—¡Ay, papá! ¿Vas a seguir con la
joda?
Tranquilo, panadería. Lo que me
gustaría saber es qué haces tú si de
repente te encuentras con uno por
los callejones de la vida.
—Bueno, vamos a poner la vaina de
aquí para allá, porque a mí el
asuntico no me da mayor nota, ¿ok?
¿Qué harías tú?
—Bueno, déjame decirte: si yo me
encontrara en este mundo con una
criatura angelical y del sexo
opuesto, utilizaría mi corazón como
laboratorio para fabricar el más
puro de los amores, lo insertaría en
el estuche de una rosa y, con la
solemne sencillez de un beso, lo
pondría para siempre a los pies de
su vida.
—¡Na guará! Definitivamente, está
fino el Motatán ese.
Por mi parte no soy tan propio con
el verbo como tú, pero eso mismo
-más o menos- lo pondría con esta
letra: si te topas con lo sublime,
arrodíllate mostrando el alma...
¿que más?
—¡De pinga, mi pana burda, de pinga!
Otro palo.
CHALECO ANTIBALAS
Carlos me dijo el otro día, con
mucha convicción al parecer:
No es que aspire a no preocuparme
por ciertas cosas... lo que quiero
es que N-A-D-A me preocupe, ¿me
explico?
Sí, yo creo que se explica, o por lo
menos intenta sinceramente
hacerlo...
Porque el asuntico se las trae; no
es ninguna barajita ese «nada»
grandote que él pone ahí. Como se
trata de un tipo molto buena gente y
a quien estimo, sobre todo por
razones conyugales, se me ocurrió
pasarle la fórmula que yo he venido
utilizando hace bastante tiempo con
relativo
éxito. Pero había humanidad por ahí
en ese momento y resolví ponérsela
en letra de molde ...y, de paso,
compartirla con ustedes. ¿Qué talco?
—Gracias, pana. Eres una nota:
siempre acordándote de uno.
La aludida fórmula –si es que puede
llamarse así– no es cosa sencilla...
—Pero bueno, ¿es que hay alguna
vaina de veras sencilla en el
inefable entrevero de la vida?,
comentamos nosotros por acá.
Tienen razón. De repente, sencilla
de explicar en este caso...
Nada que ver con
aplicar,
¿estamos? A mí perso-nalmente, por
ejemplo, me ha costado un mundo de
sostenido empeño el hacer de ella
praxis cotidiana en mi vida.. y me
falta otro mundo para darle
consistencia. Pero creo que bien
vale la pena cualquier cantidad de
esfuerzo que en tal sentido se haga.
Se trata de un dispositivo
cardioprotector constituido por
valores, actitudes, ideas, hábitos y
conductas funcionalmente integradas
cuya noble misión, como ya lo indica
su nombre, consiste en amparar la
noble víscera de las innumerables
perrerías del lado canino de este
sabroso mundo en que nos toca -sin
aviso ni protesto- vivir lo que nos
toque. Y también de ingratas
circunstancias que el «simple» azar
del existir nos pone con frecuencia
en el camino, no obstante la buena
voluntad de nuestros semejantes...
cosa que también existe, ¡mosca! Me
decía una amiga –mujer de encajes y
desencajes, pespuntes y desplantes–
que en tal tipo de chaleco la malla
básica debe ir tejida en punto cruz.
Creo que en este caso lo del punto
no es el punto, sino más bien el
hilo: textura y «color»,
especialmente. Sedosa ha de ser la
primera para que resbalen sin dejar
mancha: comentarios, opiniones,
sugerencias, juicios y consejos no
pedidos, críticas «constructivas»,
desca1ificaciones frontales o
subliminales, ironías variopintas,
insultos en multimedia, «es-por-tu-bien»es,
«yo-te-lo-dije»es,
«no-lotomes-a-mal»es, bofetadas,
escupitajos, mentadas sin menta... y
un etcétera monumental que dejo a la
discreta discreción de ustedes. Y en
cuanto al color, aunque el chaleco
es obviamente tan invisible como
impalpable, cero estridencias que
asusten o rechacen al prójimo que se
nos acerca confiado y sin reservas.
—Bueno, tú hablabas de ideas,
actitudes... pero explícate en
términos más concretos, ¿sí?
Ok, vamos a verlo más de cerca. La
trama y urdimbre de ese, digamos,
tejido mental que forma el escudo en
cuestión están constituidas por
autoestima alta (así, en primer
lugar), serenidad, tolerancia,
optimismo, humor en cantidad,
coraje, admisión del carácter
azariento del cotidiano vivir y
capacidad para anticiparse a las
circunstancias teniendo previstas
varias salidas, aceptación profunda
del dolor y la muerte como elementos
normales de la vida...
Conviene también sacarse del magín
alocadas ideas de este porte: creer
que somos seres racionales, que la
vida y la conducta humana obedecen a
la lógica, que las circunstancias
deben adaptarse a nosotros en vez de
lo contrario ...y otro etcétera de
este tamaño.
Quizá ustedes estén pensando que van
ya muchas bolsudeces juntas, ¿o no?
Bueno, en fin, tú sabes... Pero, de
todos modos, explícanos un pelo eso
de la autoestima alta, si no es muy
larga la parrafada.
Está bien. Vean como la define un
pensador occidental contemporáneo,
Thomas Merton:
¿Qué quiero decir con amarse a sí
mismo adecuadamente? Quiero decir en
primer lugar desear vivir, aceptar
la vida como un don grandioso y un
bien inmenso, no por lo que nos da,
sino por lo que nos permite a
nosotros dar a los demás.
Por su parte, la milenaria tradición
hindú pone en boca de Krishna, uno
de sus dioses, estos consejos para
quien aspire a la sabiduría:
El hombre no debe odiar a ninguna
criatura viviente sino ser amistoso
y compasivo con todas... Debe saber
perdonar, estar satisfecho, tener
control sobre sí mismo... No debe
molestar a sus congéneres ni
permitir que el mundo lo perturbe a
él...
Todo esto está muy bien -y perdonen
el golpe de volante-, sin embargo
¡qué cosa más bella es poder
acercarse de vez en cuando a alguien
sin chaleco, a pecho descubierto,
ofreciendo a flor de piel el corazón
por su cara más sensible...! ¿Y si
te lo patean o te lo escupen?
—Ok, riesgos del oficio de andar
vivo por los mundos del Señor(?) Y
ahora les pregunto yo: ¿sin estos
peligros -tan hermosamente suyos, me
atrevo a decir- tendría la vida
sabor a idem?
—Bueno, estee, nosotros...
Ah, veo que se están haciendo los
suecos... Y, ultimadamente, ¿quienes
son
ustedes?
—¿Nosoootros...?
—Sí, sí, usteeedes.
—Por si no te habías dado cuenta,
grandísimo toche, nosotros somos tú.
¡Coño, no hay derecho! Así no puede
seguir escribiendo ni el mismísimo
Don Dios. ¿Ves la vaina, lector
amigo? Por eso decía líneas atrás
«relativo éxito». Al menos que se
haya alcanzado de veras la Santidad,
Iluminación o el Nirvana... en fin,
lo que vendría a ser el supremo
chaleco, uno nunca sabe cuando la
bala le va a llegar, y hasta un
simple fantasma te saca la piedra.
Disculpa el mal ejemplo...y otro día
seguimos con las bolsudeces.