Inés de Cuevas

 

VIDA Y LIBROS
  (Julio 2007) 

 

 

 

Nació en Caracas, Distrito Federal, en el año 1927. Prof. titular jubilado, ULA, del área de Ciencias Sociales, Facultad de Medicina, ULA. Se ha desempeñado como Psicólogo clínico, en el Hospital Universitario, Mérida, y como Psicólogo asesor, del Consejo Venezolano del Niño en Caracas. Realizó estudios de Psicología general, en Madrid, Psicología escolar, con maestría, en París, y doctorado en Psicología clínica en San Juan, Puerto Rico.

 

Publicaciones

SI o NO, en busca de la autonomía (Consejo de Publicaciones, ULA, 1997), Decálogo del buen gerente (Consejo de Publicaciones, ULA /Ed. Venezolana, 2da. ed. 2002), Un mensaje a García, comentarios (/ Ed. Venezolana, Mérida, 1995), Páginas cardiotónicas (Consejo de Publicaciones, ULA, 1992), Entre panas y panes (Edit. Venezolana, Mérida, 2001. 2da ed.). Las fulanas reuniones de trabajo... (CDCHT, ULA, Mérida, 2000). Ha sido editado en la Revista Solar del Instituto Merideño de Cultura, de Mérida (2004), y en la I Antología de Narrativa de la Asociación de Escritores de Mérida, de la cual es miembro activo. En el año 2000 recibió la Distinción Bicentenaria de la Universidad de Los Andes.

 

 Muestra Narrativa

 

ENTRE BORRACHITOS

—Pana, ¿tú nunca te has topado con un ángel por los caminos del mundo?

¿Cómo es la letra, mi llave? Se me hace que ese miche suyo está como arrecho...

—Pero tú sabes lo que es un ángel, ¿o no?

—Pues claro que sé lo que es, todo el mundo lo sabe.

—¿Y entonces...?

—¡Ay, papá! ¿Vas a seguir con la joda?

Tranquilo, panadería. Lo que me gustaría saber es qué haces tú si de repente te encuentras con uno por los callejones de la vida.

—Bueno, vamos a poner la vaina de aquí para allá, porque a mí el asuntico no me da mayor nota, ¿ok? ¿Qué harías tú?

—Bueno, déjame decirte: si yo me encontrara en este mundo con una criatura angelical y del sexo opuesto, utilizaría mi corazón como laboratorio para fabricar el más puro de los amores, lo insertaría en el estuche de una rosa y, con la solemne sencillez de un beso, lo pondría para siempre a los pies de su vida.

—¡Na guará! Definitivamente, está fino el Motatán ese.

Por mi parte no soy tan propio con el verbo como tú, pero eso mismo -más o menos- lo pondría con esta letra: si te topas con lo sublime, arrodíllate mostrando el alma... ¿que más?

—¡De pinga, mi pana burda, de pinga! Otro palo.

 

CHALECO ANTIBALAS

Carlos me dijo el otro día, con mucha convicción al parecer: No es que aspire a no preocuparme por ciertas cosas... lo que quiero es que N-A-D-A me preocupe, ¿me explico? Sí, yo creo que se explica, o por lo menos intenta sinceramente hacerlo...

Porque el asuntico se las trae; no es ninguna barajita ese «nada» grandote que él pone ahí. Como se trata de un tipo molto buena gente y a quien estimo, sobre todo por razones conyugales, se me ocurrió pasarle la fórmula que yo he venido utilizando hace bastante tiempo con relativo éxito. Pero había humanidad por ahí en ese momento y resolví ponérsela en letra de molde ...y, de paso, compartirla con ustedes. ¿Qué talco?

—Gracias, pana. Eres una nota: siempre acordándote de uno.

La aludida fórmula –si es que puede llamarse así– no es cosa sencilla...

—Pero bueno, ¿es que hay alguna vaina de veras sencilla en el inefable entrevero de la vida?, comentamos nosotros por acá.

Tienen razón. De repente, sencilla de explicar en este caso...

Nada que ver con aplicar, ¿estamos? A mí perso-nalmente, por ejemplo, me ha costado un mundo de sostenido empeño el hacer de ella praxis cotidiana en mi vida.. y me falta otro mundo para darle consistencia. Pero creo que bien vale la pena cualquier cantidad de esfuerzo que en tal sentido se haga.

Se trata de un dispositivo cardioprotector constituido por valores, actitudes, ideas, hábitos y conductas funcionalmente integradas cuya noble misión, como ya lo indica su nombre, consiste en amparar la noble víscera de las innumerables perrerías del lado canino de este sabroso mundo en que nos toca -sin aviso ni protesto- vivir lo que nos toque. Y también de ingratas circunstancias que el «simple» azar del existir nos pone con frecuencia en el camino, no obstante la buena voluntad de nuestros semejantes... cosa que también existe, ¡mosca! Me decía una amiga –mujer de encajes y desencajes, pespuntes y desplantes– que en tal tipo de chaleco la malla básica debe ir tejida en punto cruz. Creo que en este caso lo del punto no es el punto, sino más bien el hilo: textura y «color», especialmente. Sedosa ha de ser la primera para que resbalen sin dejar mancha: comentarios, opiniones, sugerencias, juicios y consejos no pedidos, críticas «constructivas», desca1ificaciones frontales o subliminales, ironías variopintas, insultos en multimedia, «es-por-tu-bien»es, «yo-te-lo-dije»es, «no-lotomes-a-mal»es, bofetadas, escupitajos, mentadas sin menta... y un etcétera monumental que dejo a la discreta discreción de ustedes. Y en cuanto al color, aunque el chaleco es obviamente tan invisible como impalpable, cero estridencias que asusten o rechacen al prójimo que se nos acerca confiado y sin reservas.

—Bueno, tú hablabas de ideas, actitudes... pero explícate en términos más concretos, ¿sí?

Ok, vamos a verlo más de cerca. La trama y urdimbre de ese, digamos, tejido mental que forma el escudo en cuestión están constituidas por autoestima alta (así, en primer lugar), serenidad, tolerancia, optimismo, humor en cantidad, coraje, admisión del carácter azariento del cotidiano vivir y capacidad para anticiparse a las circunstancias teniendo previstas varias salidas, aceptación profunda del dolor y la muerte como elementos normales de la vida...

Conviene también sacarse del magín alocadas ideas de este porte: creer que somos seres racionales, que la vida y la conducta humana obedecen a la lógica, que las circunstancias deben adaptarse a nosotros en vez de lo contrario ...y otro etcétera de este tamaño.

Quizá ustedes estén pensando que van ya muchas bolsudeces juntas, ¿o no? Bueno, en fin, tú sabes... Pero, de todos modos, explícanos un pelo eso de la autoestima alta, si no es muy larga la parrafada.

Está bien. Vean como la define un pensador occidental contemporáneo, Thomas Merton: ¿Qué quiero decir con amarse a sí mismo adecuadamente? Quiero decir en primer lugar desear vivir, aceptar la vida como un don grandioso y un bien inmenso, no por lo que nos da, sino por lo que nos permite a nosotros dar a los demás.

Por su parte, la milenaria tradición hindú pone en boca de Krishna, uno de sus dioses, estos consejos para quien aspire a la sabiduría: El hombre no debe odiar a ninguna criatura viviente sino ser amistoso y compasivo con todas... Debe saber perdonar, estar satisfecho, tener control sobre sí mismo... No debe molestar a sus congéneres ni permitir que el mundo lo perturbe a él...

Todo esto está muy bien -y perdonen el golpe de volante-, sin embargo ¡qué cosa más bella es poder acercarse de vez en cuando a alguien sin chaleco, a pecho descubierto, ofreciendo a flor de piel el corazón por su cara más sensible...! ¿Y si te lo patean o te lo escupen?

—Ok, riesgos del oficio de andar vivo por los mundos del Señor(?) Y ahora les pregunto yo: ¿sin estos peligros -tan hermosamente suyos, me atrevo a decir- tendría la vida sabor a idem?

—Bueno, estee, nosotros...

Ah, veo que se están haciendo los suecos... Y, ultimadamente, ¿quienes son ustedes?

—¿Nosoootros...?

—Sí, sí, usteeedes.

—Por si no te habías dado cuenta, grandísimo toche, nosotros somos tú.

¡Coño, no hay derecho! Así no puede seguir escribiendo ni el mismísimo Don Dios. ¿Ves la vaina, lector amigo? Por eso decía líneas atrás «relativo éxito». Al menos que se haya alcanzado de veras la Santidad, Iluminación o el Nirvana... en fin, lo que vendría a ser el supremo chaleco, uno nunca sabe cuando la bala le va a llegar, y hasta un simple fantasma te saca la piedra. Disculpa el mal ejemplo...y otro día seguimos con las bolsudeces.

 

Correo Electrónico: hdelgado@icnet.com.ve

MENÚ PRINCIPAL