
Nació en
Maracaibo, estado
Zulia,
Venezuela, en
1952. Poeta, narradora, profesora
Titular, jubilada activa del
Departamento de Lingüística, de la
Universidad de Los Andes de Mérida.
Es Licenciada en Lenguas Clásicas,
Summa Cum Laude, ULA. Tiene en su
trayectoria docente y de
investigación un DEA del Doctorado
en Pragmática Lingüística, en la
EHESS de la Universidad La Sorbonne,
París, 1983.
Publicaciones
Poemas
del silencio
(DIGECEX/ULA, 1996), Tesoros del
silencio (1er Premio de poesía,
APULA, 2000), y en narrativa Cuentos
para una velada (1er Premio
Narrativa, Seccional de Jubilados de
APULA, 2003). Premios CONABA y CONADES,
1998; y Premio Estímulo Investigador
(PEI), 2004. 1er. Premio Poesía APULA,
2001; 3er. Premio Poesía Jubilados APULA,
2003. Académicas: Ortografía
Esencial, Sintaxis Esencial, El Osito
Ortográfico, Análisis Gramatical
del Español y 5 textos sobre
Pragmática Lingüística. Textos de su
autoría fueron publicados en la I
Antología de Narrativa de la Asociación
de Escritores de Mérida, Venezuela,
2004.
Muestra Narrativa

EL VIAJE DE BROMIA
Existió,
en un país imposible de ubicar hoy en el
mapa, porque un tsunami y una guerra
destruyeron las amorosas huellas que sus
habitantes dejaban en la arena, una
joven novicia de alta inteligencia,
quien se complicó la vida, debido a una
curiosidad excesivamente desbordada. Su
nombre mundano era Bromia, aunque en el
convento le asignaron otro más acorde
con la tradición religiosa de tal
recinto. Así que la llamaban: Tulipán,
la novicia Tulipán, pues le fascinaba
dicha flor y se dedicó a cuidar las
plantas que de esta especie había en el
jardín.
Bromia había ingresado ahí únicamente
para descubrir los secretos bien
resguardados en los devocionales
claustros. Anhelaba poseer poderes que
siempre la gente atribuía a algunos
integrantes de las comunidades
religiosas. La muchacha fue aceptada sin
condiciones, ya que proyectaba,
fácilmente, una vocación que no sentía.
No tardó demasiado, esta joven curiosa y
magnífica actriz, en recorrer hasta los
más intrincados rincones de la antigua
edificación religiosa. Fue así como
encontró, entre polvo y telarañas, un
libro antiguo, que pronto habría de
revelársele irresistible. Estaba el
ejemplar guardado en una funda de cuero,
sobre la cual figuraba la palabra:
Prohibido, escrita en tinta roja, ¿o
en sangre?
La novicia lo llevó a su celda, oculto
en una cesta de ropa que debía lavar esa
mañana.
A partir de la tarde, comenzó a leerlo
en soledad y a poner en práctica, por
las noches, todas las instrucciones que
iba encontrando en sus páginas. Días
después de haber comenzado el
aprendizaje, Bromia ya dominaba
habilidades especiales que nadie,
excepto ella misma, podía notar.
Algunas noches, mientras todas las
habitantes del convento dormían, Bromia
se iba en puntillas al jardín de
tulipanes y alzaba vuelo, sin sentir ni
el frío, ni la fuerza del aire en su
cuerpo. Con gran asombro, recorría
países y continentes, observando cómo el
cielo cambiaba a día o noche según la
región visitada. Sin embargo, ella no
poseía la clave para descender en ningún
lugar que no fuera el jardín de
tulipanes del convento. Todo el viaje
transcurría en pocos minutos del tiempo
oficial del mundo. No obstante, para
Bromia pasaban horas y horas en el aéreo
recorrido.
Además de volar, la jovencita podía
emborracharse sin mostrar ningún síntoma
de su estado. Tampoco emanaba de su boca
el tufito o apestoso vaho característico
del aguardiente. Es más, no andaba con
resaca al día siguiente.
Por fin llegó el día de ordenar a las
novicias. Ellas esperaban en la capilla.
Bueno, casi todas, pues faltaba Bromia,
la querida Tulipán. Acudió rauda la
madre superiora, a la celda de la
novicia. Se asustó primero, al verla
tirada en el piso como desmayada, y con
un montón de hojas amarillentas, de
algún libro viejo, esparcidas encima de
su cuerpo. Después, con asombro y temor,
presintiendo algo terrible, se le
acercó. Pero apenas comprobó que estaba
muerta, de inmediato se afanó en buscar
por todas partes la página final de ese
libro que ella, también en secreto,
conocía. En ese pedazo de papel, único
en el mundo, estaba escrito el conjuro
para devolver de la muerte, al lector
que hubiera tenido éxito en viajar a ese
misterioso universo. El desenlace fatal
fue el resultado de un descuido de
Bromia, pues ella no leyó en el conjuro
para morir, a pie de página, en letra
diminuta una instrucción imprescindible.
Tales letricas advertían que era
necesario tener a otra persona cerca y
preparada para que la devolviera del
inerte estado. Sucedió entonces que,
cuando la superiora logró hallar la
ansiada hoja, penetró a la celda un
viento huracanado y le arrebató de las
manos el papel, para llevárselo por
encima del jardín de tulipanes, hasta
que se perdió de vista en el horizonte,
y fue, al final, entregado al mar,
quien lo recibió a fin de ocultarlo
para siempre.
Sabido es que no todo secreto logra
permanecer sellado, pero el de la
desaparición de Bromia, o la novicia
Tulipán, sí lo alcanzó. Por eso, surgió
una leyenda con diferentes versiones:
que si la novicia se convirtió en hoja
de tanto leer; que si un libro perverso
se la tragó; que si fue raptada por un
lujurioso viajero en una noche de luna
llena; que si era sonámbula, se fue al
monte y se la comió un tigre; que si era
una chica tan pura que se fue en cuerpo
y alma al cielo, lo cual llevaría a
solicitar la beatificación a las
autoridades superiores y demás hierbas.
No obstante, apenas tres personas del
convento sellaron el pavoroso recuerdo
del viaje de Bromia. La superiora y dos
religiosas bastante ancianas sabían que
la novicia Tulipán florecía en cada
primavera en el jardín, desde el fondo
de esa tierra donde aprendió a volar y a
morir.
Del libro prohibido, cuyo título era:
Viaje de ida y vuelta a
la Muerte,
aún existe otro ejemplar en el país del
araguaney y el bucare. Pero el lugar
exacto debe continuar sellado.
Correo Electrónico: mestrada_1999@yahoo.com