Inés de Cuevas

 

VIDA Y LIBROS
  (Julio 2007) 

 

 

 

 

Nació en Maracaibo, estado Zulia, Venezuela, en 1952.  Poeta, narradora, profesora Titular, jubilada activa del Departamento  de  Lingüística, de la Universidad de Los Andes de Mérida. Es Licenciada en Lenguas Clásicas, Summa Cum Laude, ULA. Tiene en su trayectoria docente y de investigación un DEA del Doctorado en Pragmática Lingüística, en la EHESS de la Universidad La Sorbonne, París, 1983.

Publicaciones

 

Poemas del silencio (DIGECEX/ULA, 1996), Tesoros del silencio (1er Premio de poesía, APULA, 2000), y en narrativa Cuentos para una velada (1er Premio Narrativa, Seccional de Jubilados de APULA, 2003). Premios CONABA y CONADES, 1998;  y Premio Estímulo Investigador (PEI), 2004. 1er. Premio Poesía APULA, 2001; 3er. Premio Poesía Jubilados APULA, 2003. Académicas: Ortografía Esencial, Sintaxis Esencial, El Osito Ortográfico, Análisis Gramatical del Español y  5 textos sobre Pragmática Lingüística. Textos de su autoría fueron publicados en la I Antología de Narrativa de la Asociación de Escritores de Mérida, Venezuela, 2004.

 

Muestra Narrativa

 

EL VIAJE DE BROMIA

Existió, en un país imposible de ubicar hoy en el mapa, porque un tsunami y una guerra destruyeron las amorosas huellas que sus habitantes dejaban en la arena, una joven novicia de alta inteligencia, quien se complicó la vida, debido a una curiosidad excesivamente desbordada. Su nombre mundano era Bromia, aunque en el convento le asignaron otro más acorde con la tradición religiosa de tal recinto. Así que la llamaban: Tulipán, la novicia Tulipán, pues le fascinaba dicha flor y se dedicó a cuidar las plantas que de esta especie había en el jardín.

Bromia había ingresado ahí únicamente para descubrir los secretos bien resguardados en los devocionales claustros. Anhelaba poseer poderes que siempre la gente atribuía a algunos integrantes de las comunidades religiosas. La muchacha fue aceptada sin condiciones, ya que proyectaba, fácilmente, una vocación que no sentía. No tardó demasiado, esta joven curiosa y magnífica actriz, en recorrer hasta los más intrincados rincones de la antigua edificación religiosa. Fue así como encontró, entre polvo y telarañas, un libro antiguo, que pronto habría de revelársele irresistible. Estaba el ejemplar guardado en una funda de cuero, sobre la cual figuraba la palabra: Prohibido, escrita en tinta roja, ¿o en sangre?

La novicia lo llevó a su celda, oculto en una cesta de ropa que debía lavar esa mañana.

A partir de la tarde, comenzó a leerlo en soledad y a poner en práctica, por las noches, todas las instrucciones que iba encontrando en sus páginas. Días después de haber comenzado el aprendizaje, Bromia ya dominaba habilidades especiales que nadie, excepto ella misma, podía notar.

Algunas noches, mientras todas las habitantes del convento dormían, Bromia se iba en puntillas al jardín de tulipanes y alzaba vuelo, sin sentir ni el frío, ni la fuerza del aire en su cuerpo. Con gran asombro, recorría países y continentes, observando cómo el cielo cambiaba a día o noche según la región visitada. Sin embargo, ella no poseía la clave para descender en ningún lugar que no fuera el jardín de tulipanes del convento. Todo el viaje transcurría en pocos minutos del tiempo oficial del mundo. No obstante, para Bromia pasaban horas y horas en el aéreo recorrido.

Además de volar, la jovencita podía emborracharse sin mostrar ningún síntoma de su estado. Tampoco emanaba de su boca el tufito o apestoso vaho característico del aguardiente. Es más, no andaba con  resaca al día siguiente.

Por fin llegó el día de ordenar a las novicias. Ellas esperaban en la capilla. Bueno, casi todas, pues faltaba Bromia, la querida Tulipán. Acudió rauda la madre superiora, a la celda de la novicia. Se asustó primero, al verla tirada en el piso como desmayada, y con un montón de hojas amarillentas, de algún libro viejo, esparcidas encima de su cuerpo. Después, con asombro y temor, presintiendo algo terrible, se le acercó. Pero apenas comprobó que estaba muerta,  de inmediato se afanó en buscar por todas partes la página final de ese libro que ella, también en secreto, conocía. En ese pedazo de papel, único en el mundo, estaba escrito el conjuro para devolver de la muerte, al lector que hubiera tenido éxito en viajar a ese misterioso universo. El desenlace fatal fue el resultado de un descuido de Bromia, pues ella no leyó en el conjuro para morir, a pie de página, en letra diminuta una instrucción imprescindible. Tales letricas advertían que era necesario tener a otra persona cerca y preparada para que la devolviera del inerte estado. Sucedió entonces que, cuando la superiora logró hallar la ansiada hoja, penetró a la celda un viento huracanado y le arrebató de las manos el papel, para llevárselo por encima del jardín de tulipanes, hasta que se perdió de vista en el horizonte, y fue, al final,  entregado al mar, quien  lo recibió a fin de ocultarlo para siempre.

Sabido es que no todo secreto logra permanecer sellado, pero el de la desaparición de Bromia, o la novicia Tulipán, sí lo alcanzó. Por eso, surgió una leyenda con diferentes versiones: que si la novicia se convirtió en hoja de tanto leer; que si un libro perverso se la tragó; que si fue raptada por un lujurioso viajero en una noche de luna llena; que si era sonámbula, se fue al monte y se la comió un tigre; que si era una chica tan pura que se fue en cuerpo y alma al cielo, lo cual llevaría a solicitar la beatificación a las autoridades superiores y demás hierbas.

No obstante, apenas tres personas del convento sellaron el pavoroso recuerdo del viaje de Bromia. La superiora y dos religiosas bastante ancianas sabían que la novicia Tulipán florecía en cada primavera en el jardín, desde el fondo de esa tierra donde aprendió a volar y a morir.

Del libro prohibido, cuyo título era: Viaje de ida y vuelta a la Muerte, aún existe otro ejemplar en el país del araguaney y el bucare. Pero el lugar exacto debe continuar sellado.

 

 

 

Correo Electrónico: mestrada_1999@yahoo.com 

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