Inés de Cuevas

 

VIDA Y LIBROS
  (Julio 2007)

 

 

 

 

Nació en Barinas, Venezuela, 1961. Radicado en Mérida desde 1981. Poeta y ensayista, Magíster en Literatura Iberoamericana, Licenciado en Letras (ULA 1994). Profesor e investigador del Instituto de Investigaciones Literarias “Gonzalo Picón Febres”, de la Facultad de Humanidades de la ULA. Es miembro del Grupo de Investigación de Literatura  y Cultura brasileña (GILBRA) del IIL. Con el Peninsulares ganó el Primer Premio de Poesía de la Asociación de Profesores de la ULA (APULA), 2002.

 

OBRA PUBLICADA: Bajo tu nombre (1993),  Del sagrado Prodigio (1997), Peninsulares (Premio APULA, 2002), La música caribeña en la literatura de la postmodernidad  (Ensayo, 1998).

 

 

 ú

 

MUESTRA POÉTICA 

 

 

 

Orfeo

 

Hay un instante

       en el cual

 

       todos los tormentos

       se detienen

 

la ciudad          impone su alegato

y él

heredero del oficio

de embellecer el mundo cae

rumoroso y jadeante

sobre el espacio de los desamorados

 

Una tribu le persigue

       insinuante, insidiosa

       hasta darle                  caza

 

Solitario de amor                 él se retira

por entre los muros

de la antigua ciudad

que ya no vemos

 

Tomado de: Del sagrado prodigio

 

 

 

Yo ceremonio en tus ojos

       y postergo

el encuentro del verbo

       que es carne de amor

  

Y hoy último de octubre o del año

 

                 Tie mb  lo

  

diciéndome:

       que tiamo

       que      te     amo

  

       que

 

                 te

 

                          amo.

 

Tomado de: Del sagrado prodigio

        

 

 

 

He vuelto

sobre tu nombre.

No he podido

quebrantar

los albores

de la palabra

más grata al corazón.

 

 

Es duro nombrarte

bajo nuevas palabras.

Difícil

denotar la fuente

por ti habitada.

 

 

Llegamos

íntegros

a pesar del tiempo

los  malos sueños

y el despojo.

 

 

Venir de las tersura de dos arcos

o dos cuerpos que se rozan en el aire.

 

 

Salen fantasmas en la casa

de la calle del viento.

Se descorren palabras

un torbellino lame la memoria

el olvido

sin angustias

bajo el pecho

continúa su golpe de horas.

 

                    

 

 

A los testigos del fuego

ofrendo

un temblor de     Oro

viento suave que

arrastra noches

y espesuras.

 

 

Misteriosa

clara

inagotable

la palabra

es una mujer

que nos aguarda.

 

 

Sólo ellos

los amantes

rescatan

del imposible

los extravíos

paraísos.

 

 

Y toda la candela del tiempo

en resplandor

incendia la noche

hace oscuro al río.

Mientras

el guerrero juega

contra todo

su destino.

 

Desde el origen

vino a darnos la espalda

a caer

lentamente  sobre nuestro cuerpo

a sumar pliegues a la debilidad

del rostro.

Llegó  goteando

todo el colorido de la vida

y nos sedujo.

 

Salió a cantar a nuestros ojos

fundar la constancia  del guerrero

enamorar la carne

y aún anda en crecimiento

con nosotros

por esos largos pasillos

de los días.

 

Todo torna a su fuente

la materia

bajo nombre común

se fragua en los días

la tierra

se viste de color

en esta mañana despejada

de asombro

y de ternura.

 

Todo vuelve

sobre los soles

que curten la piel del sentido

en la tarde

aspeada de reposo.

 

El guerrero se toma su descanso

y juega con la noche

a correr por las horas

en otra manera de adentrarse

en  el aire

de la mañana levantada

donde quedan restos de sol

de lluvia

de disueltas nubes

de fríos y de potencias…

 

 

 

 

AUDAZ CORAZÓN

 

Él se acercó audaz hasta su corazón, todo su ser era una inquietud a punto de estallar. Palpó la dulzura de las manos.

 

Ella que no quería comprometerse, dio la espalda y se enfrentó a su soledad como un imposible que luego se hizo hiriente melancolía.

 

Él inclinado sobre su cuello le besó y toda la tierra desde su más álgida carnadura se estremeció.

 

Ellos que eran mudos se comunicaban con las mejores palabras. Se reservaban el silencio más constante y laborioso.

 

Ella sin embargo, no parecía tener más que su cuerpo y la sobresaltada carnadura que apenas era contenible para poder responder. Cada gesto, frase, mirada era un desgarramiento, un arrancamiento posible que él había elaborado con todo su esfuerzo de los hombre lúcidos.

 

Quizás lo menos vehemente de sí, junto a lo más espontáneo y luminoso, estaba en juego, sencillamente él se extravió cuando el tiempo, las mil respuestas negativas, los otros silencios y el hondo dolor como en todos los amores, fue forjando la separación.

                                               Inédito

 

 

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