Arturo Mora-Morales

 

 

Nació un 24 de junio de 1992 en Valera, estado Trujillo, Venezuela. Es hijo de Delvis Cecilia Castellanos González y de Alfredo Moreno Montilla.  Estudia  Primero de Ciencias en el colegio República de Venezuela, en Valera. Aproximadamente a los cuatro años vivía en la Quebrada de Trujillo, muy cerca había una biblioteca pública donde pedía cuentos con ilustraciones que “leía”, mejor dicho ojeaba con avidez sentado en un rincón. En la escuela inventaba cuentos. Actualmente lee un libro que –asegura– no tardará en volverse un clásico: El cuento Nº13 de Diane Setterfield... Los libros donde se entrenó en el manejo del suspenso son los de Dan Brown, y entre sus cuentos favoritos están Tres cuentos de hadas, de Gustavo Martín Garzo y La princesa y los trasgos, de George MacDonald... 

 

Obra Publicada

Arturo Mora-Morales

 

Virginia veía caer la tarde y comenzar la noche, su edad anciana le preocupaba como también el hecho de que en tan solo tres días cumpliría un año más de vida. Hace poco le comenzó una profunda tos seca que ocultó a sus familiares. No parecía grave, con un par de vitaminas de seguro terminaría aquella “pequeña” enfermedad.

            Para evitar el efecto sonoro de la tos, corrió rápidamente y se tiró en la cama de su cuarto para abrazar su almohada y toser en ella. Al levantarse, llevó su mano derecha a los labios para detener el grito que se avecinaba. En la almohada había dejado una  pequeña mancha de sangre, y al separar la mano de su boca  sus dedos dejaban al descubierto ese líquido rojo. Nadie se puede enterar aún –se dijo– para sí misma entre la confusión que sentía.

            La tuberculosis, el bacilo de Koch que estaba desgastando sus pulmones.  Virginia tenía tiempo presenciando los primeros síntomas y no había acudido a un doctor. Si no se trataba rápidamente, las medicinas solo le alargarían un poco la vida, la muerte sería inminente. Entre su terquedad y su incomprensible orgullo prefería mantener en secreto la enfermedad ante sus familiares, quienes aún no se recuperaban de la muerte de su querida hija. No, no se pueden enterar, se decía.

            Pronto se necesitaría un milagro para salvarla, o tal vez una planta legendaria, la de Cóxel.

 En otra dimensión, Cóxel no recordaba quién era, atrapado en su propia leyenda sin final. Lidiando en el inframundo contra los Corceles llamados Pesadillas encontró un punto de luz que al acercársele un ángel sin alas le trae una importante noticia.

            —Mis alas han sido depositadas en un joven –le anunció el ángel– que vendrá impulsado por una misión. Él será el encargado de sellar tu leyenda sin fin. Necesita tu esencia, por eso el arca                 –mostrándole un pequeño cofre dorado–, solo así, llegará a ti.

 

LITERATURA INFANTIL

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