
Nació un 24 de junio de 1992
en Valera, estado
Trujillo, Venezuela. Es
hijo de Delvis Cecilia
Castellanos González y
de Alfredo Moreno
Montilla. Estudia
Primero de Ciencias en
el colegio República de
Venezuela, en Valera.
Aproximadamente a los
cuatro años vivía en la
Quebrada de Trujillo,
muy cerca había una
biblioteca pública donde
pedía cuentos con
ilustraciones que
“leía”, mejor dicho
ojeaba con avidez
sentado en un rincón. En
la escuela inventaba
cuentos. Actualmente lee
un libro que –asegura–
no tardará en volverse
un clásico: El cuento
Nº13 de Diane
Setterfield... Los
libros donde se entrenó
en el manejo del
suspenso son los de Dan
Brown, y entre sus
cuentos favoritos están
Tres cuentos de
hadas, de Gustavo
Martín Garzo y La
princesa y los trasgos,
de George MacDonald...
Obra Publicada


Virginia veía caer la
tarde y comenzar la
noche, su edad anciana
le preocupaba como
también el hecho de que
en tan solo tres días
cumpliría un año más de
vida. Hace poco le
comenzó una profunda tos
seca que ocultó a sus
familiares. No parecía
grave, con un par de
vitaminas de seguro
terminaría aquella
“pequeña” enfermedad.
Para evitar
el efecto sonoro de la
tos, corrió rápidamente
y se tiró en la cama de
su cuarto para abrazar
su almohada y toser en
ella. Al levantarse,
llevó su mano derecha a
los labios para detener
el grito que se
avecinaba. En la
almohada había dejado
una pequeña mancha de
sangre, y al separar la
mano de su boca sus
dedos dejaban al
descubierto ese líquido
rojo. Nadie se puede
enterar aún –se dijo–
para sí misma entre la
confusión que sentía.
La
tuberculosis, el bacilo
de Koch que estaba
desgastando sus
pulmones. Virginia
tenía tiempo
presenciando los
primeros síntomas y no
había acudido a un
doctor. Si no se trataba
rápidamente, las
medicinas solo le
alargarían un poco la
vida, la muerte sería
inminente. Entre su
terquedad y su
incomprensible orgullo
prefería mantener en
secreto la enfermedad
ante sus familiares,
quienes aún no se
recuperaban de la muerte
de su querida hija. No,
no se pueden enterar, se
decía.
Pronto se
necesitaría un milagro
para salvarla, o tal vez
una planta legendaria,
la de Cóxel.
En
otra dimensión, Cóxel no
recordaba quién era,
atrapado en su propia
leyenda sin final.
Lidiando en el
inframundo contra los
Corceles llamados
Pesadillas encontró un
punto de luz que al
acercársele un ángel sin
alas le trae una
importante noticia.
—Mis alas
han sido depositadas en
un joven –le anunció el
ángel– que vendrá
impulsado por una
misión. Él será el
encargado de sellar tu
leyenda sin fin.
Necesita tu esencia, por
eso el arca
–mostrándole
un pequeño cofre
dorado–, solo así,
llegará a ti.
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