Inés de Cuevas

 

VIDA Y LIBROS
  (Julio 2007) 

 

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Nació en la Garcita, Valle de la Pascua, Guárico, Venezuela, 1937. Poeta, ensayista, cantautor; profesor de la Universidad de los Andes.  Licenciado en Letras de la UCV. Integrante de los grupos literarios de Caracas: Tabla Redonda (1958), En Letra Roja (1963), Sol cuello cortado (1963). Por Flor diversa (antología Monte Ávila) se le otorgó el Premio Municipal de Literatura en el género de Poesía (Caracas, 2006).

 

 

 

PUBLICACIONES

 

 

Mon Everest (Antología Poética, Monte Ávila, 1972). Con este libro obtuvo el Premio Latinoamericano de Poesía (1972), otorgado por la Revista Imagen, Caracas. Papelera: Tanteos estéticos sobre el vivir (Calicanto, Producciones Ruiz Editores, Villa de Cura, 1991). Dos discos LP de joropo venezolano trabajados con Simón Díaz, que constituyen sus primeras obras editadas. Uno de ellos es: De Garcita a La Culebra. Tiene inédita Flor diversa, recopilación de toda su obra. Entre sus investigaciones: Poesía y vida de Rafael Cadenas (1994) y Teoría Política (1995). Alberto Arvelo Torrealba: Antología Regional (Selección y prólogo). Antología Flor diversa (Caracas, Monte Ávila Editores, 2005).

 

La flor diversa es un volumen conformado por ocho libros inéditos de Ángel Eduardo Acevedo. Esta antología evidencia el rigor y la orquestación de los registros temáticos, así como los distintos tiempos de escritura donde el poeta clava su palabra, esa que lleva la voz en tono mayor, centrada y decantada, para rescatar la memoria de un viaje cumplido, poseído de las claves que logra evocarlo y sentenciar con la humildad de los sabios: "Que esta ficción desplace la certeza".


http://www.rnv.gov.ve/noticias/index.php?act=ST&f=16&t=41662

 

http://www.rnv.gov.ve/noticias/index.php?act=ST&f=16&t=20702

 

 

 

 

FÁBULA

 

La vida vuelve siempre.

No ha sollozado el tiempo

en tus pómulos que eran morder la luna

en tu boca rosa salvaje.

Tu juventud se acuesta

encima del destino y lo olvida.

Comiste amor como los niños se hartan de frutas

y en tus labios no quedan los labios de nadie.

Cualquiera podrá amarte siempre nuevamente.

No hay marca de besos en tu corazón

también te perfecciona el fuego

flor sin hoy y mañana.

Ningún día fue una cicatriz.

Cada noche sólo el gran tesoro.

Detrás de tus senos nacía el sol.

Si amo contar el tiempo es en tu cara

si beber lágrimas será

en la manzana que juega a sufrir.

 

 

FLOR DIVERSA

 

Soy dios de la hojarasca tostada,

las hojas quemadas

sangre de vapor de los médanos.

Ungido del sol que trozó los ríos.

Porque eran soles las dos mitades del año

pero el amor no se quemaba.

 

 

VIVALDI

 

Campos hondísimos de fresas

y duraznos del tiempo

solamente soñado

donde el vellocino aparecía

en lo alto y desaparecía

como el saludo del relámpago.

No brindaba más que una eternidad

para nuevamente perderse en la primavera.

 

Cordajes de cristal resonancias

de follajes de cobre

del bosque de la carcajada

que invita hacia ningún lugar

del vértice tierno de los misterios. 

 

Obedecí al torbellino de las flores

y de las frutas del universo

y las perseguí por el viento zumbando

hasta despedazarme las mejillas

con la vehemencia del siervo

de su región total.

 

Y caí extenuado por la infinitud

de la subyugante espesura.

 

Siempre hubo la cordera el celaje de amor

como la cresta del paují

el más arisco ángel la saeta

la del cencerro azul incendio y las estelas

malignas

una que les decía

que me hostigaran con sortilegio

y que danzaran y se arremolinaran

hasta que me diera el mal de los ojos.

 

Desde el aprisco vulnerable

y con mi honda ebria

yo lanzaba a matarla con los cerezales del mundo

soñaba herirla algún día

y saltar y tomarla

desnucada y desgonzada y tibia

lavar con ella una bravía sonrisa

-relinchos del centauro niño-

ya irremisiblemente atemperada

por trémulos acordes.

 

Porque quise una perdición

para que los tiempos no murieran.

 

Como esa capa de hojas

que envuelve en siglos a la tierra

las alas se remontan a toda estación

donde ha vibrado alguna vez

la sangre del amante.

 

Y hace medio milenio y siempre

en el mismo altar de sacrificios de su inocencia

resucitará del vientre del corno

para buscar su irrevocable hueso paradisíaco

el pastor fiel.

 

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