
(Guanta, estado Anzoátegui, 1922).
Reside en Mérida desde 1958. Poeta
y ensayista. Profesor Jubilado de la
Escuela de Letras de la Universidad
de Los Andes. Decano Fundador de la
Facultad de Humanidades, ULA,
Mérida. Fue presidente y fundador de
la Asociación de Profesores de la
ULA. Miembro correspondiente de la
Academia Venezolana de la Lengua. Su
obra ha sido comentada por Mariano
Picón Salas, Vicente Gerbasi, Cesar
Dávila Andrade, Pedro Sotillo y Luis
Beltrán Guerrero.
Publicaciones
Los espejos de mi sangre
(Caracas, 1944), Follaje redimido
(Caracas, 1959), Aire iluminado
(Mérida, 1963), Hora íntima
(Mérida, 1987) Y Anubizajes
(Mérida, 2004) que recoge toda su
poesía publicada e inédita. Ensayo:
El retrato de Antonio Machado
(Mérida, 1965) y Glosa a
la Silva criolla a un bardo amigo
(Mérida, 1980). En historia
regional: Testimonios merideños
(Mérida, 1996) y Testimonios
Barceloneses (Caracas, Fondo
editorial del Caribe, 2003). Compiló
la Obra
completa de Francisco Lazo Martí
(Mérida, Ediciones del
Vicerrectorado Académico de la ULA,
2002).
Muestra Poética

EN LA MONTAÑA
A Yolibett Rondón
Cuando fui a la montaña
encontré un río
con la frente sangrando
de caer en las peñas.
Lloraba
como un niño perdido.
Sentí lástima
de ver cómo temblaba de frío,
desnudo.
Entonces
lo tomé de la mano
y le enseñé el camino
del mar.
RÍO ALBARREGAS
Para Alejandro
Toda la noche el río
se desveló cantando
al lado de mi casa.
No quedó ni una estrella
sin abrir las pupilas
para verte, Albarregas,
para oír tus canciones
arrullando
el sueño de los árboles.
Como la sangre entre las venas,
ciega,
soñabas con mirar sobre los campos
el aire florecido de la aurora.
Alguna vez Homero
te dio el secreto
de caminar cantando entre las
sombras.
EL DÍA
A Mauricio
¿Quién cortó este girasol
que está flotando en el aire?
Girasol lleno de polen,
sin cáliz y sin estambres.
Por la tarde se le ven
altos pétalos de sangre.
¡Qué girasol tan inmenso!
Dime, madre,
¿de qué árbol cortarían
este girasol tan grande?
ORACIÓN A CARLOS POR LA PAZ
Nos acerca el crepúsculo,
la hora íntima.
En las colinas del corazón agoniza
el sol de los venados.
Se espesa la penumbra.
Mira, pasan los dioses, tus amigos.
Que la rosa solar
se siga deshojando
día a día
pétalo a pétalo
en lentísimo otoño
y la Tierra sonría
por siempre
en rumorosa paz,
sin hiroshimas.
Que nadie hiera el aire.
Dame la mano. Díctame una rosa.
LA HISTORIA DE MI AMIGO
A Claudio
Yo no soy sino la historia
de alguien que vivió en mí,
de alguien a quien sólo una vez pude
darle la mano y tratarlo como un
amigo.
Yo creo que muy pocos lo conocieron.
Y su muerte sólo yo la supe.
Era un amigo mío que vestía de
blanco
y con quien solía sentarme a las
puertas del crepúsculo
a charlar de cosas corrientes.
Estaba siempre triste. Y gustaba
contemplar las hormigas. Paseaba en
los crepúsculos
conmigo a su lado, tristes.
Un día se enfermó. Nadie
preguntaba por él. Ni mi madre.
Moría lentamente como mueren los
días,
hasta que al fin se me cayó en el
alma, muerto.
Desde entonces
no soy sino la historia de él.
NOCTURNO
A Roberto
Están despiertas todas las
estrellas.
En mitad de la noche
brillan con tanta fuerza
que ya mi corazón también titila
con leve parpadeo de luciérnaga.
La brisa pasa y canta entre los
árboles,
los ríos van de fiesta
y Dios lanzó a los mares,
lleno de amor, puñados de monedas.
La primavera vino con la noche.
Mañana habrá más rosas en la tierra.
Correo
Electrónico:
carloscesarrodriguez@hotmail.com