
(Puerto España, Trinidad, 1946).
Desde niño vivió en Maracaibo donde
obtuvo el título de Arquitecto en la
Universidad del Zulia. Profesor
jubilado de la Universidad de Los
Andes. Master en Ciencias en
Enseñanza de la Arquitectura
(Universidad de Bath, Inglaterra,
1978). Fundó la Oficina Sectorial de
Planificación de Arquitectura (OSPA/
ULA). En OSPA coordinó el primer
anteproyecto de la actual sede de la
Facultad de Arquitectura y Arte de
la ULA. Ha sido profesor de Diseño,
Expresión gráfica y Composición
Arquitectónica en la ULA. Ganó siete
premios en Dibujo y Pintura, y uno
en Poesía (1985) en los Concursos
APULA, entre 1984 y 1990, y una
Mención de Honor en el Salón
Binacional en Homenaje a Simón
Bolívar en San Cristóbal (1987). En
la actualidad dicta talleres de
Dibujo y pintura, especialmente
de Dibujo para diseños de moda,
avalados por APULA. Es Secretario de
Cultura de la Asociación de
Profesores de la ULA durante el
período 2002 a 2005.
PUBLICACIONES
Oratorio privado (Mérida,
APULA /ULA, 1986). Inédito:
Ángeles y demonios.
Muestra
Poética

EVANGELIO DE LOS INDIOS
En el principio
estábamos nosotros
en los valles y montañas,
habitaban el cielo
el sol, la luna, las estrellas
y la noche.
Y todo eso
era Dios para nosotros.
Dios estaba en las aguas,
en el viento, en la tierra
y en los muertos.
Y bautizábamos a Dios
donde lo viéramos.
Al morir nuestros cuerpos,
nuestras almas quedábamos vagando
alrededor de la casa y de los niños.
Todos éramos padres e hijos
de todos.
Amábamos nuestras palabras
y nuestros dioses viento-sol-lluvia
y nuestros muertos.
Pero vino el invasor
desde el vientre de los mares,
con sus libros y sus dogmas,
con sus pecados
y su castigo;
nos despojó de nuestra vida
y nuestros signos;
destruyó nuestros templos.
cortó nuestras lenguas,
vistió nuestra inocencia,
enterró nuestros mitos.
Desde entonces vagamos antes de
muertos
sin saber quiénes somos
sin ser nosotros mismos.
CUARTO CANTO
¡Oh, las vírgenes!
En el climax
de la santidad
están las vírgenes.
Ocultas
bajo un manto inmaculado
exhibiendo
rostros de marfil,
serenos ojos,
sonrisa de inocencia contenida,
labios ausentes.
Las vírgenes…
De nuevo retorna a mis fantasmas
aquel paradigma adolescente:
reprimir las urgencias de mi cuerpo,
castrar las pasiones juveniles,
pervertir la noción del otro sexo
para ir, sumiso e indefenso
a cubrirme bajo el manto de una
virgen.
Como un niño.
¡Oh, Madre!
¿Por qué me posees de esa forma?
¿A qué potencia extraña temes?
¿Para qué, Madre?
Inevitable ha llegado mi edad núbil
he perforado mi inocencia como
todos.
¿Por qué estas bridas?
¿Por qué esta rienda?
¿Por qué ha de ser tan violento
nuestro parto?
La victoria final de mis sentidos
yergue el sexo.
Fluye ardiente el manantial de mis
placeres.
SEXTO CANTO
Es preciso aquí
hacer pausa.
Debo ahora
recoger el hilo de mi infancia,
de todos los recuerdos,
imaginaciones,
temores y fantasías.
Es preciso encerrar los mitos
aunque sólo sea
por un minuto.
Y hacer silencio.
Para luego echarlos a volar
de nuevo
por los aires de la fantasía
sin miedo a desnudarlos por entero,
a llenar de erotismo el firmamento,
a juntar en un mismo cielo
como una sola y misma cosa
a santos y vírgenes,
ángeles y demonios.