Inés de Cuevas

 

 

VIDA Y LIBROS
  (Julio 2007) 

 

 

(Puerto España, Trinidad, 1946). Desde niño vivió en Maracaibo donde obtuvo el título de Arquitecto en la Universidad del Zulia.  Profesor jubilado de la Universidad de Los Andes. Master en Ciencias en Enseñanza de la Arquitectura (Universidad de Bath, Inglaterra, 1978). Fundó la Oficina Sectorial de Planificación de Arquitectura (OSPA/ ULA). En OSPA coordinó el primer anteproyecto de la actual sede de la Facultad de Arquitectura y Arte de la ULA. Ha sido profesor de Diseño, Expresión gráfica y Composición Arquitectónica en la ULA. Ganó siete premios en Dibujo y Pintura, y uno en Poesía (1985) en los Concursos APULA, entre 1984 y 1990, y una Mención de Honor en el Salón Binacional en Homenaje a Simón Bolívar en San Cristóbal (1987). En la actualidad dicta talleres de Dibujo y pintura, especialmente de Dibujo para diseños de moda, avalados por APULA. Es Secretario de Cultura de la Asociación de Profesores de la ULA durante el período 2002 a 2005.

 

 

PUBLICACIONES

 

Oratorio privado (Mérida, APULA /ULA, 1986). Inédito: Ángeles y demonios.

 

 

  Muestra Poética

 

 

EVANGELIO DE LOS INDIOS

 

En el principio

estábamos nosotros

en los valles y montañas,

habitaban el cielo

el sol, la luna, las estrellas

y la noche.

Y todo eso

era Dios para nosotros.

 

Dios estaba en las aguas,

en el viento, en la tierra

y en los muertos.

Y bautizábamos a Dios

donde lo viéramos.

 

Al morir nuestros cuerpos,

nuestras almas quedábamos vagando

alrededor de la casa y de los niños.

Todos éramos padres e hijos

de todos.

 

Amábamos nuestras palabras

y nuestros dioses viento-sol-lluvia

y nuestros muertos.

 

Pero vino el invasor

desde el vientre de los mares,

con sus libros y sus dogmas,

con sus pecados

y su castigo;

nos despojó de nuestra vida

y nuestros signos;

destruyó nuestros templos.

cortó nuestras lenguas,

vistió nuestra inocencia,

enterró nuestros mitos.

 

Desde entonces vagamos antes de muertos

sin saber quiénes somos

sin ser nosotros mismos.

 

  

CUARTO CANTO

 

¡Oh,  las vírgenes!

 

En el climax

de la santidad

están las vírgenes.

 

Ocultas

bajo un manto inmaculado

exhibiendo

rostros de marfil,

serenos ojos,

sonrisa de inocencia contenida,

labios ausentes.

 

Las vírgenes…

 

De nuevo retorna a mis fantasmas

aquel paradigma adolescente:

reprimir las urgencias de mi cuerpo,

castrar las pasiones juveniles,

pervertir la noción del otro sexo

para ir, sumiso e indefenso

a cubrirme bajo el manto de una virgen.

Como un niño.

 

¡Oh, Madre!

 

¿Por qué me posees de esa forma?

¿A qué potencia extraña temes?

¿Para qué, Madre?

 

Inevitable ha llegado mi edad núbil

he perforado mi inocencia como todos.

 

¿Por qué estas bridas?

¿Por qué esta rienda?

¿Por qué ha de ser tan violento nuestro parto?

La victoria final de mis sentidos

yergue el sexo.

 

Fluye ardiente el manantial de mis placeres.

 

SEXTO CANTO

 

Es preciso aquí

hacer pausa.

 

Debo ahora

recoger el hilo de mi infancia,

de todos los recuerdos, imaginaciones,

temores y fantasías.

 

Es preciso encerrar los mitos

aunque sólo sea

por un minuto.

 

Y hacer silencio.

 

Para luego echarlos a volar

de nuevo

por los aires de la fantasía

sin miedo a desnudarlos por entero,

a llenar de erotismo el firmamento,

a juntar en un mismo cielo

como una sola y misma cosa

a santos y vírgenes,

ángeles y demonios.

 

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